Sammy Sosa se convirtió en el quinto jugador de la historia en alcanzar los 600 jonrones en las Grandes Ligas, uniéndose a Hank Aaron, Barry Bonds, Babe Ruth y Willie Mays, y recortando su camino al Salón de la Fama donde se unirá a otros siete latinos que ya tienen su sitio en tan magno recinto.

Cuando fue firmado por los Rangers de Texas en 1986 como un agente libre del draft amateur, nadie pensaba en la grandeza que podría alcanzar Sammy Sosa una vez que llegara a las Grandes Ligas.

Los mismos Rangers lo cambiaron a los Medias Blancas en 1989 luego de que el dominicano viera acción en las mayores en apenas 25 juegos. El toletero fue cambiado junto al venezolano Wilson Álvarez y Scott Fletcher por Harold Baines y Fred Manrique. Con su nuevo equipo se mantuvo durante dos temporadas más hasta el 30 de marzo de 1992, cuando días antes de terminarse los entrenamientos primaverales fue enviado junto a Ken Patterson por George Bell al otro lado de la ciudad con los Cachorros.

Con los oseznos no tuvo suerte en su primera temporada, participando apenas en 67 juegos por lesiones varias, pero a partir de 1993 su nombre empezó a llenar titulares en la ciudad de los vientos con el poder de su bate.

En 1993 conectó 33 jonrones, en 1994 en media temporada por la huelga agregó 22 a su palmarés y desde 1995 hasta el 2004 bateó de manera consecutiva por lo menos 35 cuadrangulares en cada una, incluyendo tres de ellas con 60 o más (66 en 1998, 63 en 1999 y 64 en 2001), una hazaña inédita.

Su competencia con Mark McGwire en 1998 llenó titulares e inclusive en las dos últimas semanas de la temporada era el único tema de conversación entre los fanáticos y conocedores del beisból. El sábado antes de terminar la temporada se convirtió en el primer jugador que llegaba a 66 cuadrangulares, pero su contrincante se las ingenió para no solamente alcanzarlo ese mismo día, sino que bateó cuatro más para implantar una marca con 70 que estuvo vigente hasta que Bonds la superara con 73 en el 2001. A pesar de la presión de la competencia tan dura y llena de atención, Sammy tomó tiempo entre juegos para recolectar ayuda para sus compatriotas en Dominicana que fueron azotados por el Huracán Georges. Él mismo se ocupó de cargar junto a amigos y empleados las diferentes contribuciones en Houston. La lucha entre Sosa y McGwire fue algo que los que la siguieron de cerca nunca olvidaran por la atención y emoción que trajo al deporte rey en ese entonces pero para los que estuvimos presentes su acto de ayuda para los damnificados tuvo tanta o mayor importancia.

Sus saltos mientras corría a la inicial una vez conectado el jonrón y su forma de besar su mano y su pecho al llegar al home fueron imitados por chicos y grandes en cualquier liga tanto de beisból como de softball. Era el ídolo de todos los fanáticos especialmente de los latinos.

Cuando conectó su número 500 se convirtió en apenas el jugador número 18 en lograrlo en las mayores pero ahora al conseguir su número 600 se convierte en el quinto jugador en la historia en alcanzar tan exorbitante número.

Su grandiosa carrera fue oscurecida un poco cuando uno de sus bates se rompió en un batazo y se encontró corcho dentro del mismo por lo que fue suspendido. "Es un bate que uso para divertir a los fanáticos en las prácticas. Nunca he usado corcho en juegos", expresó el nativo de San Pedro de Macorís. A pesar de que los otros 77 bates del jugador fueron revisados (incluyendo los cinco que están en Cooperstown) sin que se les encontrara nada anormal o fuera de los reglamentos, la mancha se mantiene en la mente de sus detractores.

Andre Dawson, quien jugó con los Cachorros y bateó 49 jonrones en 1987 en lo que fue su única temporada con más de 40, también dejó muy claro lo que significa el logro de los 600 jonrones del dominicano. "Es una élite muy exclusiva con apenas cinco integrantes en más de 100 años de historia. Siempre trabajó duro y merece ese puesto allí junto a los otros cuatro. Me alegro mucho por él y estuve esperando que lo hiciera para llamarlo por teléfono y felicitarlo', dijo Dawson.

Un año fuera del beisból luego de problemas físicos en uno de sus pies y luego de aclarar su mente como lo dijo Barry Bonds en una entrevista cuando lo felicitó por volver y seguir jugando, Sosa está de vuelta a sus 38 años recibiendo una oportunidad precisamente de su primer equipo en las mayores. Los Rangers le ofrecieron el chance de ganarse un puesto en los entrenamientos y un contrato muy por debajo de su último salario si se quedaba arriba. El dominicano tuvo un excelente mes de marzo y en los dos primeros meses logró alcanzar los 12 batazos que le faltaban para logar ubicarse en el mejor quinteto de jonroneros de la historia hasta el momento.

Al colocarse junto a Hank Aaron, Barry Bonds (activo), Babe Ruth y Willie Mays, Sosa parece asegurar un puesto en Cooperstown donde se unirá a Luis Aparicio, Tany Pérez, Martin Dihigo, Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Rod Carew y Juan Marichal como los únicos latinos en el templo de los mejores jugadores de la historia.

La grandeza de sus logros se magnifica cuando se recuerda que tanto Pérez como Cepeda fueron electos con apenas 379 cuadrangulares en sus respectivas carreras y ahora Sammy los supera por más de 120, lo cual debe de darle un espacio en Cooperstown no solamente a sus bates sino a una placa con su nombre y su cara.

Tany Pérez, quien en 1986 empató la marca para latinos de Orlando Cepeda con 379 jonrones, nos comenta acerca del logro de Sosa: "Es algo grandioso.

Cuando llegué a 379 ese parecía un número casi inalcanzable pero Sammy siempre mostró mucho poder. Si puede mantenerse sano pudiera superar muchos otros entre los mejores de todos los tiempos. Me alegro por él porque siempre trabajó duro y merece estar allí entre los mejores".

Ahora solamente le falta concluir su gloriosa carrera y retirarse para que cinco años más tarde sea exaltado por sus logros dentro del terreno de juego al lugar que bien se merece.

El nombre de Sammy Sosa estará en Cooperstown.