Dicen que la fe mueve montañas, y que el poder de la mente transciende cualquier situación o circunstancia siempre y cuando la atemos a esa fe. La carrera como lanzador para el derecho venezolano Kelvim Escobar ha estado basada en sobreponerse a muchas circunstancias adversas, a aferrarse a su gran fe en Dios y a creer grandemente en sus habilidades. Una carrera exitosa que ya sobrepasa los diez años en Grandes Ligas, y que pudo haber sido descarrilada hace tiempo.

Ya, si la fortaleza mental hubiese estado ausente; porque en cuanto a fortaleza física olvídense, hay pocos en el deporte, en cualquier nivel, con las condiciones físicas de Escobar. Esa cualidad, unidas al deseo de trabajar y de aprender para hacerse mejor pitcher han sido claves en su consistencia en el montículo y fuera de él.

Escobar, que nació con el don de facilidad de expresión, me comenta que, "cuando apenas comenzaba mi carrera con Toronto, los médicos especialistas del equipo me dijeron que era muy probable que mi carrera no durara mucho, ya que nací con una debilidad muscular en mi hombro derecho. Eso se debe a que en los músculos que componen el sistema rotador, aunque no lo crean, me falta un músculo. Cuando me vieron esos mismos doctores años mas tarde se sorprendieron de que todavía estaba yo lanzando".

Me explica que por ello fue sometido de una vez, prácticamente comenzando su carrera, a una serie de ejercicios para fortalecer esa parte de su brazo. Pero en realidad, lo que más sorprende es que con todo y eso que se le diagnosticó hace más de diez años, la potencia de su brazo derecho ha sido estupenda. Una recta que siempre ha topado las 95-97 millas por hora y que gracias a sus agotadoras corridas en las playas venezolanas desde muy joven, ha podido respaldar con poderosas piernas. El resto de su repertorio, amplísimo, es sobresaliente.

Kelvim ganó 18 juegos en el 2007, su mejor año como lanzador abridor en su carrera, que también lo ha visto desempeñarse como cerrador con los Azulejos. Al inicio del 2008, comenzó a sentir molestias en su hombro y se lo reportó a los médicos y asistentes de los Angels. Luego de varias pruebas y exámenes, se confirmó que por la condición delicada en su hombro, que incluía una pequeña ruptura, no comenzaría la temporada en condición de lanzar.

Se sometió intensamente al programa de rehabilitación recomendado por los especialistas, habiéndose pasado cuatro meses en Arizona en un centro dedicado al trato de lesiones atléticas; meses que lo vieron pasar muchos momentos solitarios en reflexión, y hasta contemplando la posibilidad de no volver a lanzar otra vez. En una ocasión trató de tirar durante la campaña de primavera, pero el dolor fue tanto, que tuvo que suspender esa sesión y las futuras sesiones de tirar una pelota.

Pero el hombre perseveró una vez más, y hace poco fue como si hubiese visto por primera vez la luz del día, cuando su progreso fue tal que le recomendaron viajar a Anaheim a consultar con los doctores. Estos le dieron el visto bueno, gracias a Dios, para reanudar su programa, y Kelvim se siente otra vez optimista en que ayudará a los Angels a otro título de división...y hasta a más.

"Gracias a Dios me siento fuerte", me dijo Escobar tras finalizar una sesión de bullpen, "y mientras siga progresando, mi meta es lanzar a toda máquina, ya me necesiten en el bullpen o como abridor".