Rick Rentería. (AP)

En el futuro, ¿estará el nombre de Rick Rentería asociado con el éxito de los Cachorros?

A eso responderemos "quizás".

El equipo del norte de Chicago parece estar fundamentalmente en mejor forma que cuando la administración de Theo Epstein tomó las riendas hace más de dos años. Pero todavía les queda un largo camino por recorrer.

Los Cachorros la semana pasada nombraron a Rentería como su nuevo manager. Es una figura respetada en los círculos del béisbol, alguien que se ha ganado todo lo que ha conseguido. Dirigió en Ligas Menores y fue coach a nivel de las Grandes Ligas -- últimamente fungiendo como coach de la banca de los Padres.

Pero la verdad es que el trabajo de dirigir a los Cachorros ha sido un cementerio para las carreras de varios pilotos. Hombres aparentemente con promesa toman este puesto y nunca vuelven a ser managers en la Gran Carpa. Personas que ya han tenido algo de éxito al mando de otros equipos toman este trabajo y eventualmente salen con amargura y decepción.

"Sabía cuando tomé este trabajo que sería uno de los más difíciles en las Grandes Ligas", dijo un ex capataz de los Cachorros. "Lo que no me di cuenta fue que era el más difícil de la Gran Carpa".

Aquel piloto hablaba del gran peso de la historia en el Wrigley Field. Llegas a este puesto y no tienes nada que ver con los 105 años sin un título de la Serie Mundial. Pero de todas maneras, heredas todo eso -- las preguntas, los chistes, los persistentes recordatorios, los dolorosos episodios de fracasos pasados.

Dale Sveum, el último dirigente, pudo haber estado condenado al fracaso desde el día en que tomó el cargo. Incluso, la gente que respeta y admira a Sveum lo pudo haber visto de esa manera. Los Cachorros estaban en una reconstrucción que iba para largo. El manager que toma las riendas de un club al comienzo de ese proceso pocas veces tiene la oportunidad de ser parte del renacimiento, si es que eso llega. Hay muchas derrotas que absorber y mucha culpa para distribuirse.

¿Fue culpa de Sveum que los Cachorros perdieran 197 juegos en los dos años que estuvo como piloto? No. Todas esas derrotas fueron un reflejo de dónde los Cachorros se encontraban como organización.

Y aun así, Sveum cargó con la culpa porque varios peloteros jóvenes del equipo no progresaron como deseaban o esperaban los Cachorros. De hecho, el torpedero dominicano Starlin Castro dio notables pasos hacia atrás.

Castro tiene 23 años de edad. Fue convocado al Juego de Estrellas en las dos temporadas anteriores. Jugando bajo un nuevo dirigente, Castro posiblemente iba a ser una pieza clave de un club del norte de Chicago durante la próxima década. Definitivamente, es mejor para los Cachorros tener el punto de vista de que las fallas de Castro se deben al trabajo de Sveum que por el trabajo del mismo Castro.

Pero los Cachorros están armando un grupo con talento en estos momentos, al menos en cuanto a los puestos titulares. Es posible que en un futuro cercano puedan contar con una base más profunda.

En ese sentido, han avanzado como organización. Los resultados pronto se notarán al nivel de Grandes Ligas. Rentería, como un manager de dos culturas diferentes, estaría en buena posición para guiar a un grupo de jóvenes y talentosos jugadores latinos.

Sin embargo, habrá tareas más fáciles para Rentería. Una de ellas no será competir en la División Central de la Liga Nacional, donde tres de los cuatro equipos que terminaron por encima de los Cachorros en el 2013 -- San Luis, Pittsburgh y Cincinnati -- tienen bastante pitcheo. Esta división contó con el campeón de la Liga Nacional y dos de los comodines en el Viejo Circuito, y ninguno parece estar en peligro de desaparecer.

Pero, los Cachorros tienen claros motivos para pensar que hay mejores tiempos en el horizonte. Si Rentería es el manager que los Cachorros esperan que sea, posiblemente esté aún en su puesto cuando la transformación del equipo se complete.

Pero vale señalar que muchos hombres dignos ocuparon la oficina en el Wrigley Field con ese mismo sueño. Y ya no trabajan ahí. Tal vez Rick Rentería sea el que pueda dirigir un final feliz.