Tim Lincecum es abrazado por su receptor Héctor Sánchez. (Eric Risberg/AP)

SAN FRANCISCO -- Lo grande de los mejores lanzadores del planeta es que todo el mundo espera cosas fabulosas de ellos cada vez que se suben a la lomita. Lo "malo" es que cuando no brillan, la decepción es enorme y no falta quien asegure que están a un paso del declive absoluto.

En el caso de Tim Lincecum, la fanaticada de los Gigantes de San Francisco ha visto mucho de las dos caras de este espectro beisbolero, pero nunca, jamás, le ha perdido el cariño que le tienen. Es por eso que muchos celebran con enorme gusto su tremenda hazaña del miércoles 25 de junio frente a los Padres de San Diego a casa llena (41,500) en el AT&T Park.

Con una faena relativamente económica de 113 envíos, Lincecum toleró un boleto y ponchó a seis al convertirse en el 32do serpentinero que tira más de un juego sin hits ni carreras en la historia del Béisbol de Lujo.

El autor de la proeza de hoy, que entró al juego con marca de 5-5 y efectividad de 4.90 en 2014, hilvana de esa manera el 16to sin-hits en la historia de los Gigantes, que han logrado partidos de esa naturaleza en tres temporadas seguidas tras el perfecto de Matt Cain en 2012 en AT&T Park y los no-hitter del propio Lincecum en 2013 y 2014. La novena de San Francisco es la primera que suma sin-hits en tres temporadas al hilo desde que los entonces llamados Angelinos de California lo hicieron de 1973 a 1975 con el fabuloso Nolan Ryan con dos en 1973 y uno tanto en 1974 como en 1975, dato aportado por Elias SportsBureau.

Lincecum, que acaba de cumplir (el 15 de junio) sus 30 años de edad, se unió al legendario integrante del Salón de la Fama Christy Mathewson como los únicos serpentineros de los Gigantes con más de un partido sin hits y en el 2do pitcher de la historia con encuentros sin imparables ante un mismo equipo ya que maniató a los propios Padres el 13 de julio de 2013 en San Diego.

Addie Jones, un derecho de los Indios de Cleveland que pertenece al Templo de los Inmortales en Cooperstown, tiró un juego perfecto en 1908 ante los Medias Blancas de Chicago y repitió esa dósis en 1910 frente a esa misma novena.

Lo curioso de la faena de Lincecum, que solamente llevaba una victoria en el mes de junio, es que no pensaba que tenía en orden lo mejor de sus herramientas. "No creo que fue cosa de repertorio [perfecto], sino algo de [excelente] localización de mis envíos", declaró Lincecum, que lucía tan calmado después de su proeza como si fuera alguien que acabase de comerse una perita en dulce.

De hecho, no lucía para nada nervioso a lo largo del encuentro, en el cual bateó un par de imparables, se embasó en otra ocasión por boleto y anotó dos carreras. Hasta se daba el lujo de hablar con sus compañeros a lo largo del partido, algo que rompe la tradición del "tradicional" hermetismo del resto de un equipo con respecto a alguien que trabaja en una faena similar.

"Me siento más raro cuando no me habla nadie durante el juego que cuando sí lo hacen", manifestó Lincecum en medio de una sonrisa juvenil.

En contraste con su primer sin hits, que mantuvo al dirigente Bruce Bochy comiéndose las uñas hasta los codos por la gran cantidad de envíos (148) de su abridor derecho, a Lincecum le quedaban muchos lanzamientos por tirar cuando dio cuenta de sus adversarios en el noveno tramo, incluyendo los emergentes Chris Denorfia y el cubano Yasmani Grandal usados por el piloto de los Padres, Bud Black.

"Aquella vez trataba demasiado de ponchar, ésta vez me concentré en ser más eficiente, en sacar los outs como me los daban", analizó el hombre que ganó el Premio Cy Young en sus dos primeras temporadas completas en las Grandes Ligas, pero luego decayó a un combinado de 20-29 en las Justas beisboleras de 2012-13.

Tan enfocado lucía Lincecum al trabajar con un ritmo impecable entre lanzamientos que Bochy aseguró que pensaba en el sin-hits desde los primeros episodios.

"Realmente fue un artista", comparó Bochy, que ha dirigido toda la carrera de Lincecum desde aquel jovencito que tiraba candela a casi 100 millas por hora en sus primeras temporadas a éste lanzador que escoge los sitios ideales para acomodar mejor sus envíos. "Este equipo necesitaba algo como esto, ha pasado por un gran forcejeo".

Para el receptor venezolano Héctor Sánchez, que sin ser proclamado por Bochy como el careta oficial del veterano derecho ha sido el hombre detrás del plato para la mayoría de sus aperturas en 2014, el juego es también especial.

"El mejor sentimiento que he tenido en la pelota es haber ganado una Serie Mundial y el segundo mejor es éste": declaró Sánchez. "Es algo bastante especial, es mi primero, estuve cerca con Yusmeiro [el casi perfecto de Petit en AT&T Park en 2013]. Es una de esas cosas que marcan la carrera de uno. Así le doy más confianza al manager para tener más oportunidades".

¿Y cómo planea celebrar Lincecum?

"Tal vez me voy a tomar un poco, ¿Puedo decir eso?, bueno, me imagino que ya lo dije", expresó Lincecum. "Es hora de festejar".

Minutos más tarde era felicitado con orgullo por sus compañeros mientras caminaba ataviado con una franela del equipo de Estados Unidos que el jueves busca una hazaña de clasificar a la segunda ronda de la Copa Mundial de Fútbol en partido frente a la poderosa Alemania.